18 de noviembre de 2014

VISITAS INESPERADAS

Paula Zurimendi

Cuando eres estudiante  y vives en un piso, no es lo más habitual recibir visitas. Como norma general, si te llaman al timbre una mañana de diario, o es una vecina para quejarse, o son los Testigos de Jehová. En la segunda opción, lo más común es no abrir la puerta. Miras por la mirilla y, si ves a dos personas que sostienen un libro, finges no estar en casa.
 
 
Sin embargo, esta mañana mi compañera de piso y yo hemos abierto la puerta (a pesar de haber mirado previamente) a una pareja de ancianos que, Biblia en mano, nos han preguntado amablemente si habíamos leído este sagrado libro y que qué sabíamos de Jesucristo. Amablemente, también, les hemos respondido que somos ateas, que la Biblia la hemos leído en líneas generales y que creemos en Jesucristo “como personaje histórico”. La respuesta ha sido una mala cara.

A partir de ahí, la conversación ha derivado en lo que podría denominarse como un debate antropológico-social-religioso en el rellano de la escalera, que podría haberse alargado durante horas de no ser porque la olla express en la que mi compañera hacía su comida ha empezado a pitar.

Comprobado: los Testigos de Jehová existen. No son una leyenda urbana. Vienen a tu casa a hablarte de Dios y sus bondades. Es lo que ellos llaman “la buena nueva”, lo que en mi carrera se conoce como "comunicación vis a vis" (cara a cara) y en lenguaje coloquial “ir de puerta en puerta dando la brasa”. Tienen la esperanza de convencer a los no creyentes mediante el poder de la palabra. En este sentido, hay que decir que su entusiasmo y su optimismo son más que admirables.

Aunque sus ideas son mucho más tradicionales que las de la vertiente principal cristiana, se han modernizado bastante. Tienen página web donde puedes informarte. Incluso puedes leerte la Biblia online. Eso sí, opinan que la Medicina hace mucho tiempo que no avanza ni sirve para nada y que de aquí a unos años no la necesitaremos. Nos curaremos por arte de magia. Un comentario con muy poco tacto por su parte, ya que mi compañera de piso estudia Medicina pero ha sido lo bastante cortés como para no darles con la puerta en las narices.

Se han despedido con un “ya volveremos a pasar” que ha sonado un poco a amenaza (deben de creer que al estar dispuestas a darles conversación, tienen una oportunidad de convencernos), nos han regalado un par de folletos y recomendado que les preguntemos cualquier duda que tengamos. O que busquemos en la Biblia, que ahí vienen todas las respuestas.

 Qué cosas, nosotras pagándonos una carrera cuando tenemos toda la información gratis en internet. Ahora espero impaciente que vuelva a sonar el timbre de mi puerta. Con suerte, tal vez sea mi vecina, que viene a hablarme de las bondades de Pablo Iglesias.

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