12 de diciembre de 2014

LA DEMOCRACIA TRAS LA LEY DE SEGURIDAD CIUDADANA

ACTO 1



Vota. Coge una papeleta métela en un sobre y siéntete libre mientras lo depositas en una urna. Luego vuelve a tu casa, siéntate en el sofá y como buen ciudadano no vuelvas a levantarte hasta las próximas elecciones. Es sencillo, no te quejes y acata las leyes, porque para ello has elegido a alguien que las elabora y ejecuta. Lo de cumplirlas es para la plebe, ellos son mejores y cuando votan lo hacen para botar a jueces o, al menos, a los encargados de hacerlo. En fin, al menos el que salió elegido era el más guapo.

ACTO 2



Siente. Nota como la sangre inunda tu corazón y después, como si cantaras un himno, hincha tus pulmones con orgullo. Eres admirable, después de cuatro años te has vuelto a levantar y has votado. Esta vez incluso te has esforzado en leer los programas. Ya te darás cuenta que eso no sirve para nada, que todo es una mentira que a nadie le importa, porque si te quejas, en vez de quedarte en el sofá, ellos son los que tienen el poder.

ACTO 3



Llora. Es lamentable, una vez más has ido a votar como si eso solucionase tus problemas, como si pensaras que quienes hace dos años hacían X se han reformado y ahora son partidarios de la Ñ, una opción muy particular y adaptada a las situaciones particulares de cada región. Ahora los que parten el bacalao vuelven a ser altos, morenos y requete guapos, han recuperado ese toque juvenil, que parecían haber perdido e incluso se han acicalado con una colonia que oculta con un embriagador aroma el olor a pescado.

ACTO 4



No te levantes. Para qué. El mando a distancia no funciona, pero en la tele tienes todo lo que necesitas, hace mucho que dejaste de salir a la calle para que no te confundieran con un manifestante y por eso no vas a volver a salir de casa y menos si es para votar. Hagas lo que hagas saldrá algo peor. La economía funciona, o al menos un anuncio de publicidad institucional ha vuelto a señalar un descenso en el paro y las exportaciones han vuelto a aumentar.
 
Nos va de maravilla. Un día escuchaste en la radio un tipo que hablaba de bienestar, de libertad, de control a las instituciones, de medidas y no gestos, pero seguramente que estaba ‘chalao’. De hecho, no puede ser muy normal, sabes perfectamente, que ese tipo quiere llegar al poder pero jamás lo conseguirá. Antes sí se podía, pero ya no, para eso hay que ser especial.

ACTO 5



Túmbate. Tu hora se acerca, lo notas, empiezas a recordar, antes se podía protestar. Sí la gente salía a las calles cuando algo les parecía injusto, a veces, incluso había disturbios. Aquello no era bueno. Todo un descontrol, los policías cargaban, los manifestantes la emprendían con lo que pillaban, se quemaban contenedores y se rompían cajeros automáticos, hubo incluso quien insultó en la cara a un político. Lo llamaban escrache.

 Por entonces se quejaban de que el presidente diera explicaciones, de vez en cuando, a través de una televisión y sin conceder ninguna pregunta. Cómo si una persona como esa tuviera que dar explicaciones de lo que hace y deja de hacer todo el tiempo, suficiente que cada cuatro años podemos elegirlo para que nos represente o algo parecido. Cómo si fuera importante lo que él hace, si realmente quien manda en el mundo es el dinero y los movimientos del mismo.

ACTO 6



Muérete. Tu vida ha sido inútil, has visto como todo te ha superado. Antes todos éramos iguales, ahora están los Midas, esos que viven aislados por miedo a mirar a alguien y que este se convierta en oro, y el resto, entre los que te encuentras, un residuo de tiempos pasados y que en algún momento pensó que tuvo que elegir entre dos opciones.
 
Como si no hubiera habido un filtro antes, como si las paranoias que sonaban a democracia fueran de verdad viables. No nos engañemos, el Pensamiento Único sigue firme en el timón y pese a que no lo parezca en su desarrollo va dejando atrás el resto de alternativas en un monopolio cultural que con el poder tiene capacidad para crear herramientas como la nueva Ley de Seguridad Ciudadana.


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