3 de febrero de 2015

LA BANDA SONORA DE LA POLÍTICA

En el otoño de 1936, cuando a Madrid todavía le quedaban casi 3 años de República, se empezaba a escuchar por sus calles una copla antifascista. 78 años después, el profesor Juan Carlos Monedero empezaba a hacerse conocido en ámbitos externos a la Universidad. En uno de los mítines el dirigente de Podemos cantó ese Puente de los franceses, famoso más de tres cuartos de siglo antes, para convertirse en imagen de recurso para las televisiones. Monedero sería representado en las sucesivas noticias que aparecerían sobre él en un atril acompañando ese Madrid qué bien resistes con palmas. Y es que la música, más allá de un apoyo, es parte de la verdadera intrahistoria.




No vengo a descubriros la importancia de los acordes que acompañan cada idea. Pero sí para recordaros que no es un valor a pasar por alto. Porque el otro día, cuando al acabar los distintos discursos de los líderes de Podemos, en el multitudinario mitin de Sol sonó el Todo cambia de Mercedes Sosa, nada era aleatorio. Esa pieza, esa vuelta al pasado en un viaje hacia Latinoamérica con una música tan revolucionaria como pacífica, era parte de la imagen que desde Podemos se quería dar el 31E. Esas sonrisas recorriendo el centro de Madrid para decirles a los que ahora mandan que Todo cambia.


Esas sonrisas son las mismas que se podían encontrar en la campaña de Berlusconi de 2006. La composición de su Meno male che Silvio c’e llevó la alegría a un líder italiano marcado más por el oscurantismo que por el color de ese videoclip. O los acordes del PP, tan pegadizos. A partir de la composición de su himno, el PP empezó a ser rival digno del PSOE (coincidiendo con la llegada a la cabeza del partido de José María Aznar).





Podríamos hablar de Sarkozy y el Quelqu’un m’a dit de Carla Bruni que rejuvenecía la imagen rancia de este nieto de inmigrantes que aboga por el fin del espacio Schengen. O, saliéndose de la política y entrando en la publicidad comercial, el Pan y mantequilla de Lidl. Todos, antes de estas primeras campañas de publicidad más frescas, pensábamos que Lidl era un supermercado más que desastroso para comprar (salvo por los precios). Después de ver un par de veces este anuncio con esa música, pocos tendrían complejos para entrar a ver si algo ha cambiado. 


(Referente a las campañas publicitarias anteriores de Lidl)

De música poco se habla y mucho queda por averiguar. Un mismo tema, servido en copa o vaso, como el vino, puede hacer variar mucho el producto. Está claro que de aquí a las próximas elecciones los partidos, y sobre todo los que menos tiempo tienen en los medios de comunicación, tienen que transmitir su idea mediante la música. Que cuando alguien le venga a la cabeza el símbolo del PSOE, Izquierda Unida, Podemos, Ciudadanos o UPyD, no sea una imagen para sordos. El PP lo consiguió en 1989. Ahora le toca al resto.

Hace 78 años los combatientes antifascistas poco podían pensar que un hombre llamado Monedero cantaría su tema para después alejarse de términos como izquierda y derecha. Al igual que aquellos partisanos italianos que luchaban contra el nazismo tampoco podían imaginarse que su Bella ciao fuese la música que acompañase al triunfo una coalición de izquierdas llamada Syriza en Grecia. Al día siguiente, Syriza pactó Anel, un partido con ideas tan rancias como las que los partisanos intentaron expulsar de la Italia de 1940. Porque como decía Mercedes Sosa, “y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.






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