26 de abril de 2015

J.C.Castro
 
El absurdo es una clase de humor que, entre otros, desarrollaron los populares Monty Python. La hilaridad se produce al llevar una situación surrealista hasta las últimas consecuencias, es por eso que muchas veces los gags absurdos son conocidos como superrealistas. En España esta clase de humor tiene por emblema al dúo de Faemino y Cansado, y también se ha prodigado bastante en las divagaciones de Ilustres Ignorantes.
Fotografía: La Sexta
 
Después de esta definición que bien podríais haber leído en la Wikipedia, es la hora de hablar de hablar del uso que se hace de esta clase de humor por parte de la clase política, que en algunos casos, como la actual retirada de la Medalla de Oro de la Ciudad de Valencia a Francisco Franco, resulta más gracioso que un chiste de Eugenio.
 
A mediados de mayo, el grupo popular, que tiene la mayoría en el ayuntamiento de la ciudad levantina, presentó una propuesta acorde a la Ley de Memoria Histórica para retirar los reconocimientos expedidos por la ciudad al dictador español más conocido del siglo XX. Todo el mundo parecía de acuerdo con esta medida, ya que tampoco suponía ningún gasto extra para el ayuntamiento, solo se trataba de quitar reconocimientos a una persona en cuya memoria constan varios asesinatos.
 
Sin embargo en un país que ha sido capaz de hacer tecnología a partir de un palo – escoba, fregona, autogiro, Chupa Chups, futbolín – no es raro que las cosas se alarguen hasta el absurdo y aún así se estiren más que un sketch de los hermanos Marx.
 
Lo que parecía cosa de un solo pleno, con todos los grupos de gobierno a favor, se ha transformado en una batalla con tintes electoralistas que tienen como objetivo restar apoyos a los partidos políticos de izquierdas en las municipales de mayo. Junto a la retirada del reconocimiento al dictador se ha añadido una condena al régimen venezolano y a la existencia de presos políticos en ese país.
 
Sí, dicho así no tiene gracia y lo cierto es que no debería tenerla, ya que se trata de la administración de una de las ciudades más importantes de España y más conocidas por la corrupción. Pero los españoles somos así, no nos tomamos el tiempo para mirar las cosas desde la distancia. Y lo que iba a ser una medida simbólica acorde con la historia de nuestro país se ha convertido en un debate sobre el  y tú más, algo de lo que todos nosotros estamos casados.
 
Desde Fraga y la firma de sentencias de muerte a Carrillo y su mano en los fusilamientos de Paracuellos del Jarama, hemos sido una nación que no ha olvidado por el simple hecho de verse obligada a perdonar en los pactos que se dieron durante la Transición. Cuarenta años después así seguimos con el tú más, involucrando a otros países en nuestra miseria, la de una clase política que hace de cada medida una decisión con fines electoralistas.

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