5 de octubre de 2015

MORIR ES FÁCIL; LO DIFICIL ES VIVIR

Cristina S. Palacio

Nadie nos pregunta si queremos vivir, pero se nos da una vida a cada uno. Tampoco se nos pregunte si queremos morir, no se nos da nunca la oportunidad de ello, ni siquiera cuando parece la mejor alternativa.
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Andrea tiene 12 años y una enfermedad neurodegenerativa detectada con tan solo 8 meses. Desde entonces nunca evolucionó como una niña más, de hecho ni siquiera le dieron la posibilidad de llegar a la pubertad. Pero ahora, año tras año ganando batallas, Andrea ha perdido todas las fuerzas de vivir y persiste inmersa en el dolor que la enfermedad le acarrea. Sin poder hablar ni moverse, sus padres piden “dejarla ir tranquilamente”. 
Sin embargo, los pediatras no coinciden con la opinión de los padres, haciendo hincapié en que la pequeña no sufre, ya que se le ofrecen cuidados paliativos y sedación. Mantienen que no van a arrebatar la vida a la pequeña y que únicamente se limitan a actuar “con respeto a la legalidad vigente y a los principios éticos”.

Pero ¿cuáles son esos principios éticos? Aunque la vida de una persona va por delante de todo, el sufrimiento que a veces la vida puede llegar a causar solo se debe solucionar con la propia muerte. Con todo esto se ve que la persona enferma es un simple muñeco y la familia se convierte en fuente de dolor y aflicción. Sometidos a una agotadora incertidumbre, han de soportar que sean los médicos quienes decidan sobre el destino de quien más quieren.
En este caso, los padres de Andrea solo cuentan con el apoyo de la Asociación Gallega para la Defensa de la Sanidad Pública y la Federación de Asociaciones para la Sanidad Pública, quienes establecen que este caso se está tratando de manera contraria a la Ley Gallega, la cual expone no poder mantener a una menor con vida en situación terminal si sus padres no están de acuerdo.

Este debate ha aparecido en otras ocasiones con otros casos sonados, como la madre británica que inyectó una dosis letal de heroína a su hijo con la idea de que este dejase de sufrir tras una lesión cerebral irreversible. Fue sometida a cadena perpetua porque decidió que su hijo no merecía seguir conformándose con una vida así. Por otro lado, una joven italiana estuvo obligada a tolerar 17 años en coma tras un grave accidente automovilístico. Su padre luchó para conseguir desconectar a su sucesora, no obstante,  la joven terminó muriendo de forma natural entre todo el papeleo que había formado su caso.
Como es natural, la situación es enormemente delicada pero, cuando la muerte es casi mejor que la vida ¿qué otra solución nos queda?

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