23 de noviembre de 2015

A QUIÉN LLORAR SI NO ESTÁ


Tres años de guerra que marcaron y traumatizaron a España para siempre. Un conflicto que continuó con represión, más muerte y dolor debido a una dictadura que no dejó a los vencidos llorar sus pérdidas. Hoy, setenta y seis años después, en una democracia construida sobre el olvido, esos vencidos, los perdedores de una sangrienta guerra, todavía ven cómo tienen que convivir con los resquicios de aquello sin saber el paradero de sus caídos.

Republicanos en la Guerra Civil- Wikipedia.org


Es 20 de noviembre de 1975, Francisco Franco muere a los 82 años debido a una larga enfermedad en Madrid. Comienza un proceso para cambiar el país que acaba, finalmente, en la democracia. España vuelve a estar unida. Parece que la etiqueta de vencedores y vencidos ha caído excepto por una cosa: unos tienen un monumento y otros no se sabe ni dónde están.

A día de hoy la lucha de las familias continúa. En el territorio español existen más de dos mil fosas comunes y este número se encuentra en constante actualización.  Hasta el año 2000 eran los propios familiares los encargados de, pala en mano, buscar a sus muertos en las cunetas. Hasta el año pasado, tan solo 6.300 de los 113.000 civiles desaparecidos han sido exhumados y entregados a sus allegados y esa última cifra es la que sitúa a España como el segundo país del mundo con más desparecidos.

Es en 2007 y bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuando se crea la Ley de Memoria Histórica de España que busca reconocer y ampliar los derechos de aquellos que padecieron persecuciones o violencia por razones políticas, ideológicas o de religión durante la Guerra o la Dictadura. Esto supuso reparar de forma mínima lo que una vez dañaron los gobiernos de la transición, al otorgar una amnistía que libraba de cualquier castigo a aquellos que habían causado el daño. Hasta que llegó Rajoy.
Con la ley antes mencionada los familiares que buscaban a sus desaparecidos iban a tener facilidades y ayudas por parte de la administración para encontrarlos. Desde la llegada al gobierno de Mariano Rajoy esas ayudas se han reducido a nada. De no ser por las asociaciones independientes, esas personas se encontrarían en una situación de desamparo sin unos restos a los que llorar. Pero, ¿qué explica estos comportamientos?

¿Existen aún las dos Españas? 
Es un pensamiento generalizado el de: "el que busca un cuerpo de la guerra, busca venganza".  Las heridas siguen abiertas porque no se permite su cierre. En un país en el que no se ilegalizan asociaciones que ensalzan la figura de un dictador no se puede hablar de superación de la dictadura. Al menos dieciséis misas se han celebrado este año en memoria del caudillo y flores frescas acompañan de forma diaria su tumba en el Valle de los Caídos. Un contrapunto con el maltrato sufrido por aquellos que buscan a la desesperada a sus familiares y se les niega el simple hecho de recuperarlos y velarlos en la intimidad de su vida. 

La superación comienza con la aceptación. Hubo y hay dos Españas. Y una aún tiene parte enterrada. La otra hizo algo mal y, aunque ya no pague por ello, debe colaborar para que todos puedan vivir en paz y la democracia empiece a ser real.

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