16 de diciembre de 2015

LANGOSTA, O EL AMOR DESCARNADO

Paula Blanco


Una sala de cine es una caja de sorpresas. Desde el mismo momento en el que te sientas, dejas tus emociones al libre albedrío del director de la película; de esta manera, unas veces sentirás cómo la adrenalina se apodera de ti y otras temblarás de ternura.
imagen: wikipedia
Sin embargo, ¿qué pasa cuando no sabes expresar lo transmitido en 118 minutos? Esa es la reacción al ver Langosta, una película del griego Yorgos Lanthimos que no deja a nadie indiferente.

Esta cinta, la primera con guion en lengua inglesa del director, ha recibido recientemente el Premio del Cine Europeo al Mejor Guionista Europeo y Mejor Vestuario y el Premio del Jurado en el insigne Festival de Cannes. Estos célebres galardones no son los únicos premios de Yorgos Lanthimos. Sus anteriores películas, Alps y Canino, fueron alabados en el Festival de Sevilla, de Venecia y de Sitges.

Esta vez la historia transcurre en una sociedad distópica, donde los solteros deben encontrar pareja en el plazo de 45 días dentro de un hotel. En el caso de no emparejarse, se convertirán en el animal escogido por ellos mismos al inicio de su hospedaje. David (Colin Farrell) acude tras la muerte de su mujer con su hermano convertido en perro, y a través de su experiencia descubriremos la mentalidad de las personas fieles a los principios de la sociedad del momento y de las que se rebelan a ella.

El argumento está en consonancia con la “moda” de las distopías, sin embargo, lo que diferencia esta película del resto es la fuerza del mensaje extraído de nuestro presente: la necesidad de enamorarse y el rechazo absoluto a la soledad. Las parejas deben estar formadas por dos personas que compartan algo, ya sea un hobby o una enfermedad, y deben seguir una serie de pasos para afianzar su relación. Siguiendo esta regla de oro, David intenta por todos los medios ─ansiedad que le pasará factura, dejando incluso su propia personalidad a un lado─ enlazarse con una mujer. Pero el lado de los solteros de por vida no es mucho mejor. Invitan y obligan a la soledad definitiva, donde el cariño es castigado con numerosas prácticas.


Desde el primer momento el ritmo de la película integra al espectador en la sociedad deshumanizada, pero lo hace dando pequeñas pinceladas para no sacar sus cartas al principio. Poco a poco, los distintos personajes enseñan con sus acciones y sus palabras a un ser humano cruel, que ha confundido el amor con la supervivencia. Los silencios tienen un papel esencial junto con los pocos y breves diálogos, no existe la necesidad de explicar las situaciones a pesar de la perturbación que puede llegar a sentir el espectador con algunas escenas, especialmente aquel que no esté acostumbrado a las películas de este director.

Es impresionante que una película tan pausada y con tan poca acción pueda estar, al mismo tiempo, tan cargada de sentido. El mensaje de crítica se desliza paralelo al largometraje con suavidad pero arrasando y destruyendo a su paso nuestras ideas preconcebidas sobre el tema más universal: el amor. Lanthimos nos enseña de manera  exacerbada el futuro de basar nuestra vida en torno a este sentimiento y cómo nos puede cegar la obligación de tener a una persona con quien compartirlo todo.
Pero, ¿es el amor quien nos ata o la sociedad en la que vivimos?

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