21 de diciembre de 2015

LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR

Rosa Martín

Un escenario inviable, una España ingobernable. Muchas son las calificaciones que le han “caído” a un país que le ha intentado dar carpetazo al turnismo. Como todo por primera vez, quizá no ha salido todo lo bien que muchos esperaban y un futuro incierto se prevé en la vida política de esta nueva etapa democrática.


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Estos comicios tan novedosos para el país han supuesto un quebradero de cabeza para todos aquellos líderes que han tocado la victoria con la punta de los dedos. A pesar de querer fingir alegría por atribuirse buenos resultados, lo cierto es que nadie ha ganado de verdad fuera de los datos. Se desconoce quién va a gobernar, de qué manera y si será necesaria otra votación. España no sabe negociar, sus políticos no saben gobernar en minoría, no hay capacidad para el consenso.

CASI TODOS “GANAN

El Partido Popular ha ganado las elecciones, pero tendrá difícil gobernar. Cuatro años de leyes impuestas, de caso omiso a propuestas ajenas y de falta de representatividad de aquellos que no les votaron les pasan factura ahora que necesitan de los demás. Mariano se había olvidado de la necesidad de terceros en la comodidad que le otorga la mayoría absoluta. Una victoria que le sabe muy amarga.

Por su parte Pedro Sánchez podría convertirse en el presidente del gobierno con los peores resultados para su partido en las elecciones. Pero el precio a pagar sería muy alto: pactos con partidos nacionalistas cuyos objetivos difieren mucho de lo buscado en el Congreso. Su victoria quizá es un poco más dulce de lo que su sonrisa de medio lado expresaba ayer: las fuerzas emergentes no han podido quitarle su posición, sigue siendo el segundo en la carrera hacia la Moncloa, la principal oposición que durante la campaña pareció no querer dejar de ser.

Y al otro lado, los que han liado todo este alboroto. Albert Rivera no podía disimular su enfado. Lejos quedaban las provinciales donde de verdad triunfó. Las encuestas le han mentido y se notó su desilusión. Y desde ese punto ataca a todo el que se le ponga delante. PSOE, Podemos, las Mareas… Todos son focos de sus discursos con un único fin: hacer ver de esos 40 diputados algo más grande de lo que es en realidad, una bofetada de los votantes a su posición neutral casi hasta el final.
Y Pablo Iglesias y compañía. Se presenta en una confluencia de izquierda que no hace más que liar todo el panorama político y quitarle mérito a Podemos.
Lo cierto es que la formación más polémica de los últimos años es quién más ha celebrado los resultados, irrumpiendo como tercera fuerza política y haciendo temblar a medio mundo. Su posición ante Cataluña y ante Europa es lo que hacen que este grupo sea temido y rechazado por una mayoría.

No se ha de olvidar a los que no celebran nada. La cara de Alberto Garzón lo decía todo. Un político bien valorado muy castigado en las urnas, rechazado por el de la coleta meses antes de los comicios. Desde su escaño luchará aunque no con la fuerza que le habría gustado.

Unión Progreso y Democracia se va. Rosa lo creó y Rosa lo mató. Herzog poco ha podido hacer por un partido que no levanta cabeza sin que los medios tengan culpa, a pesar de que se les culpe de todos los males de la formación.

Finalmente y, como siempre, lo decisivo en manos de los partidos nacionalistas y en  sus propios intereses. El Gobierno de España en manos de unos pocos de España.

Y en el medio los votantes, que no saben quién les va a gobernar, de qué manera, ni si tendrán que volver a votar. Y el paro ahí continúa. Bruselas quiere más recortes. Las becas se siguen denegando a quienes las necesitan. Y nuestros jóvenes se van. Unas elecciones que dejan un aprobado general y un suspenso colectivo.
Parece que solo hay un problema más.

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