22 de febrero de 2016

LA GENERACIÓN DE LA INTOLERACIA

Rosa Martín

Hace diez años España ganó a parte del mundo en tolerancia al reconocer a los homosexuales su derecho a contraer matrimonio. El país se convirtió así en uno de los primeros en aceptar algo que en ningún momento debió de estar en duda y que supuso una revolución y un paso adelante. Hoy en lo poco que se lleva de año, se han registrado más de una treintena de agresiones a personas de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y personas Transgénero). Un paso atrás para un territorio propulsor de la libertad.

Anonymous por los derechos de los homosexuales. flickr.com

Al grito de “maricones de mierda” los fin de semanas de este año se han teñido de odio en las principales ciudades de España. Un bate, los puños o palabras ofensivas son las armas de unos cobardes que agreden a otros por el simple hecho de tener una orientación sexual distinta a la suya. Una diferencia que en apariencia no debería suponer ningún problema, nadie escoge por quien sentirse atraído, pero por la que muchos son castigados.

El problema no solo lo encontramos en las madrugadas de los sábados. Personalidades a los que se les da más voz de la que se merecen se encargan de fomentar ciertos pensamientos fuera de lugar. Tratar un barrio madrileño conocido de “hábitat gay”, hablar de la orientación como algo que puede cambiarse mediante el rezo y la educación y tolerar conductas que fomentan el odio nos llevan a la tozudez de no aceptar algo tan natural como la homosexualidad. 

Y nos echamos las manos a la cabeza cuando un pequeño de nueve años decide suicidarse porque no aguanta la situación en su colegio. El bulling es otra preocupación de hoy en día que está íntimamente ligada al tema inicial. Los niños copian lo que ven en casa, en la televisión o en las revistas. Estas conductas homófobas que se están poniendo de moda no hacen más que acrecentar el rechazo por aquellos pequeños que comienzan a distinguir a qué tipo de persona querrán en el futuro.

Como en todo el problema es nuestro De la sociedad, de no saber actuar. De unos políticos que no normalizaron la situación antes y que hoy algunos siguen siendo reticentes por no ser lo establecido por Dios; de los padres por no hacer ver a los hijos que esa situación es tan normal como cualquier otra, que solo son personas que se quieren y se buscan sin importar el sexo con el que hayan nacido o tengan; de los jóvenes por no aceptar la realidad. 

Y por último un consejo: la denuncia. De todos los crímenes de odio registrados por la LGBT menos de una decena han sido denunciados ante instancias policiales. Hay que parar la situación, hay que normalizar, hay que hacer ver a todos que nadie es distinto. Y algún día podremos dejar de hablar de intolerancia.

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