18 de marzo de 2016

CRÍMENES Y CASTIGOS DE NUREMBERG

Un hombre totalmente desvalido, ayudado por un andador, entró el 21 de abril de 2015 en el tribunal de Detmold. Quién podría adivinar que ese hombre de 94 años fuese uno de los participantes en la muerte de 300.000 personas en Auschwitz.

La Segunda Guerra Mundial sigue dando de qué hablar a miles de historiadores y las huellas del Holocausto todavía están a la orden del día, incluso el libro de Hitler titulado Mein Kampf (Mi lucha) se agotó en menos de una semana tras publicarse el ocho de enero de este año. Setenta años después esta parte de nuestra historia sigue más viva que nunca con los juicios de Nuremberg. Pero primero hagamos un poco de memoria.


El 20 de noviembre de 1945 se abre en Nuremberg, Alemania, el proceso contra los criminales de guerra alemanes. Los inculpados acusados del más espantoso de los conflictos ascienden a veintiún personas, todos los dirigentes del Tercer Reich a excepción de Hitler, Goebbels,  Himmler y Ley, que se habían suicidado y Bormann, que había huido. Al finalizar la guerra los aliados deciden juzgar estos crímenes inexpiables. 

Diario 33
Las sesiones duran diez meses y todos los acusados se declaran inocentes, amparándose en el Führerprinzip, que les obligaba a obedecer ciegamente a  Hitler. En el proceso se aportan pruebas estremecedoras de los crímenes, como el testimonio  del comandante de las SS en el campo de Auschwitz, que describió minuciosamente el exterminio de los judíos en las cámaras de gas. El fallo se pronuncia el 1 de octubre de 1946 con once condenados a muerte, sin embargo, no acabaron aquí los juicios.

El último proceso, comenzado el 29 de febrero de este año, es al ex guardia Hubert Zafke (95) por las inyecciones de fenol suministradas a los prisioneros en el hospital de las SS. Hijo de un campesino, se enroló en las SS a los diecinueve años y en 1943 se incorporó al “servicio sanitario”. Lo más sorprendente es que a finales de verano de 1944 supervisó 14 convoyes de los cuales 3.681 personas fueron directamente a las cámaras de gas, entre los que podrían estar Anna Frank y su familia, ya que los datos encajan con las fechas y el lugar (campo de Bergen-Belser) escritos su diario.

El País
Pero si unos juicios son demoledores por las emociones vividas son los referidos al campo de Auschwitz, el símbolo por excelencia del Holocausto.

“Tenemos la misma edad y pronto estaremos ante el juez máximo. Quiero pedirle que nos cuente la verdad histórica”, decía Leon Schwazbaum en la apertura del juicio a Reinhold Hanning de 94 años, ex guardia acusado de complicidad en 170.000 asesinatos a pesar de negar su participación en las muertes. El acusado no podía mirarle a los ojos mientras el superviviente le animaba con un “cuente aquí y ahora lo que hicieron usted y sus camaradas”. Con una foto de su familia en la mano, declaró el terror constante de los presos, la arbitrariedad asesina de los guardias, los fugitivos capturados y devorados por los perros y el olor a carne quemada que emanaba de las chimeneas. Hanning, al igual que el anterior, recibió 15 años de cárcel.

Otro caso bien distinto es el del “contable de Auschwitz” Oskar Gröning (93), que admitió y pidió perdón desde el principio por su complicidad en las muertes de la “Operación Hungría”. El acusado recibió 4 años de cárcel en el juicio celebrado en abril de 2015 por la eliminación de 300.000 personas y afirmó que “Auschwitz es un lugar en el que nadie debería haber participado”. Ante 40 supervivientes y descendientes venidos de Israel, Canadá e Inglaterra y 14 testimonios en contra, la testigo y superviviente Eva Kor (81) se levantó a tender la mano al procesado.

20 minutos
Pero estos juicios no siempre han sido así. El ex guardia John Demjanjuk, de 91 años, marcó un antes y un después en la justicia alemana. Este hombre vivió un proceso legal de cuarenta años en el perdió la nacionalidad estadounidense dos veces, fue condenado a muerte por ser confundido con el guardián en Treblinka conocido por su crueldad “Iván el Terrible” y finalmente recibió 5 años de cárcel gracias a los testimonios que verificaban su reclutamiento en 1941 por el Ejército Soviético y su posterior cargo como guardián tras ser apresado por los alemanes, además de la muerte de 28.800 judíos en el campo de concentración Sobibor. También había participado en la Acción Reinhardt, nombre del plan nazi de asesinar a todos los judíos de Polonia, Ucrania y otros territorios ocupados por los alemanes.

Antiguamente solo se podía llevar al tribunal a aquellos que habían participado en el exterminio de prisioneros en los campos de concentración si existían pruebas fehacientes de haber dado órdenes personales para enviar a las víctimas a cámaras de gas. Pero como dijo el fiscal Dortmund Andreas en el juicio de Reinhold Hanning a la prensa, “la edad no tiene ninguna importancia” y este cambio en los juicios a los nonagenarios se “debe a las víctimas y a sus familiares”. También Justin Sonder (90), sobreviviente de joven en Auschwitz que perdió a 22 miembros de su familia, afirmaba lo siguiente a favor de la nueva ley: “Estos procesos debían haberse realizado hace cuarenta o cincuenta años. Pero no es demasiado tarde para describir lo que ocurrió entonces”.

Por una vez no es la justicia la que resuelve los pleitos, sino que son las propias víctimas y los acusados los que rememoran el horror de una época gracias a los testimonios y a lo que no se dice. De momento otros dos juicios a un ex guardia y a una ex operadora de radio están previstos para la primavera; el resto es historia.

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