7 de marzo de 2016

EL CIRCO DE LOS ERRORES

Rosa Martín

España lleva dos meses con un gobierno en funciones. Las elecciones de diciembre no han dado el resultado que debían dar y aún hoy el país se encuentra en  una situación de pausa. La pasada semana se celebraron las diferentes sesiones de un debate de investidura que más que como tal, se debería calificar de circo de precampaña.

Rajoy acude a la constitución del Congreso. flickr.com 

El Partido Socialista se presentó ante el Rey con capacidades para formar un gobierno con dos opciones bajo la manga: una unión con la derecha y otra con la izquierda. Ante estas dos posibilidades Pedro Sánchez no lo dudó y aseguró que formaría el ejecutivo  del cambio. Pero no. 
Su unión con Ciudadanos en un pacto que poco tiene de la esencia socialista ha llevado al partido a quedarse solo. El Congreso fue testigo de innumerables “no” que impidieron expulsar al gobierno en funciones y entregar la vara de mando a un nuevo individuo. La capacidad de los políticos para negociar se ha quedado en la puerta, al lado de los leones. Las exigencias y prepotencia de las máximas autoridades de los partidos del país llevan a una posible celebración de nuevas elecciones, lo que les costará a todos los españoles 180 millones. Cifras que no se puede permitir un país herido de crisis. Pero, ¿qué más da?

España se encuentra en su particular día de la marmota. El gobierno en funciones no se va a mover de ahí al menos hasta el verano que viene (si no aparece antes la sensatez y soluciona el asunto). Y a los que más les debe importar… no parece que lo haga. 

El Congreso se convirtió estos días en un espectáculo de los malos. Insultos fuera de lugar hicieron levantar los gritos en las tribunas, pero no fue lo más llamativo de las sesiones. Un prepotente Rajoy con aires de victoria prácticamente se burlaba del fracaso vivido. Sánchez pasaba por todos los estados de ánimo para acabar en la más absoluta decepción viendo como su futuro se desvanecía. Rivera y su ego querían dar un rapapolvo a los presentes teniendo más que callar de lo que hacían creer. E Iglesias se reía de todos y le ponía la guinda al pastel de este circo sin precedentes. Dicen que el amor ha entrado por la puerta del Congreso, pero la cordura ha salido por la ventana.

Los dirigentes no tienen miedo a nuevas elecciones. Todos creen que van a ganar. ¡Claro que sí! con ánimo. Pero ¿qué pasa con los votantes? esos que fueron a sus mesas electorales a depositar lo que creían que sería mejor para el futuro de sus hijos y el propio. El egocentrismo de la nueva política huele más que los ataques de la vieja. No gobiernan para ellos, gobiernan para la sociedad. Una sociedad harta de chistes, espectáculos y búsquedas del comentario más hiriente e ingenioso. La política se basa en la negociación y aquí los únicos que negocian son los futuros desahuciados con sus bancos. ¿Pero qué más da? Estamos preparados para volver a votar. 

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