14 de marzo de 2016

LO BARATO SALE CARO

Cristina Palacio

Las empresas siempre han tenido el objetivo de ganar dinero a partir de una venta, bien sea de un bien o de un servicio. Sin embargo, en la actualidad existen múltiples empresas que se mueven por Internet y que no venden ningún producto, son gratis para nosotros. O eso es lo que nos hacen creer.

Suena escandaloso que una empresa trabaje "gratis" pero solo hay que pensar en ello, en la primera página que visualizamos al abrir la pestaña de cualquier navegador: Google. El buscador nos ofrece un servicio gratuito pero, ¿de dónde saca entonces los beneficios? Lo cierto es que en la actualidad cuenta con publicidad, pero en sus albores Google fue creado por dos universitarios que no pretendían financiar, en ningún caso, su página con publicidad. La pregunta sigue sin ser respondida, si bien, esos beneficios provienen de nosotros, de los usuarios. Si el navegador es capaz de conocer todo de nosotros, puesto que le preguntamos absolutamente todo que necesitamos saber, nos utiliza. Nosotros somos el producto.
Flickr.com


No solo eso. Google sabe qué me preocupa en cada momento, cómo me llamo (por esa ocurrencia que todos hemos tenido de buscar nuestro propio nombre completo); qué tengo que hacer, porque me organizo con Google Calendar; dónde vivo, porque confío en Google Maps; con quién hablo y qué cuento porque tengo y utilizo Gmail para enviar correos a todos mis contactos. Nosotros mismos nos delatamos al hablar con Google, puesto que le contamos, sin recapacitar demasiado, cada detalle de lo que nos rodea. Y lo mejor para el navegador es que nunca mentimos sobre ello.

En una ocasión tuve la oportunidad de visualizar el vídeo que hoy comparto en este artículo, con la idea de abrir los ojos a todo el que no tenga ya interiorizado que valemos dinero para las empresas que nos “regalan” el producto. Lo barato sale caro.
El precio de lo gratuito es un documental emitido en el canal Odisea que no solo nos permite la apertura de los ojos, como antes he mencionado, sino también la apertura de la mente.


Pero Google no es el único ejemplo cercano a nosotros que nos permite observar este fenómeno de la gratuidad a alto precio: Facebook también se enmarca dentro. Todo esto me remite a otro vídeo de gran importancia donde varios jóvenes pasean por la calle y, de repente, se encuentran a su paso un tenderete de amplias dimensiones que sostiene un cartel con la frase “Adivinamos todo de ti”
Un chico se acerca a los jóvenes que pasan y les convence de entrar a que les contase todos los secretos sobre ellos mismos. Al sentarse, un hombre comienza a leerles la mente y les cuenta cómo se llaman sus amigos, sus padres o sus parejas. Les habla de dónde viven, de dónde habían pasado sus últimas vacaciones. Charla con ellos sobre qué estudian y desde cuándo. Incluso había espacio para discernir sobre sus gustos literarios o musicales. Cada uno de los jóvenes queda fascinado, y un poco asustado, sobre las adivinaciones de aquel hechicero. Yo, desde la pantalla del móvil solo podía pensar que toda esa gente estaba “compinchada” y tenía que ser una burda mentira. Al instante un gran telón cae por sorpresa y deja ver a los jóvenes su propio perfil de Facebook
Ellos mismos están contando al mundo todos sus secretos y, lo cierto, es que nos extraña que un extraño sepa quiénes somos, cuando lo extraño es que le contemos más datos a un extraño que a un conocido. Este lío de palabrería es solo para dejar claro que nos delatamos a nosotros mismos.


Nos vendemos a 0 euros sin darnos cuenta que nuestra vida privada no tiene precio.

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