4 de marzo de 2016

TURISMO NEGRO: ¿MORBO O SADISMO?

“La muerte solo será triste para aquellos que no han pensado en ella” nos decía François Fénelon en el siglo XVII. Lo que no sabía este escritor es el interés que mostraría la gente en el futuro por el final de la vida, o mejor dicho, por lo que queda tras la muerte. Es el llamado turismo negro.


El “dark tourism”, “thanatourism”, turismo mórbido o de dolor es una forma de turismo asociada a recorrer lugares donde están presentes el dolor, la muerte y el terror. Existen varias clasificaciones dentro de este tipo de viajes, desde las típicas casas abandonadas y mansiones donde se cometieron espeluznantes asesinatos, pasando por museos sobre genocidios hasta ciudades desiertas por distintos desastres naturales y humanos.


Aunque estos últimos años se ha empezado a escuchar el término turismo negro (el concepto como tal nace en 1996), lo cierto es que la humanidad siempre se ha sentido atraída por estos enclaves. Roma fue la primera en disfrutar de la muerte, siendo un espectáculo ver cómo los gladiadores perdían la vida frente a cientos de personas. La Edad Media no se quedó atrás y permitía a los ciudadanos de la zona ver cómo moría su vecino en la horca o en la hoguera encendida justo en medio de la plaza del pueblo. La curiosidad siguió acompañándonos y actualmente es inevitable no fijarse en las noticias de sucesos, en las catástrofes que dan la vuelta al mundo y en los lugares masacrados  por la historia.

Pero todo movimiento nuevo necesita un mecenas que lo propague, y Ambroise Tèzenas ha querido ser ese hombre. Fotógrafo francés y ganador de numerosos reconocimientos internacionales por su oficio como Editor Europeo de Fotografía en 2006, Nikon Story Teller en 2009 y Pictet Prize en 2012, Tèzenas publicó hace un año un álbum de fotos (I Was Here. Photographs of Dark Tourism) donde aparecen familias visitando sitios marcados por los genocidios y paisajes destrozados por desastres naturales.

Página oficial de Ambroise Tèzenas (diapositivas) Por orden: Puente afectado por el terremoto en Sichuan, Museo de Auschwitz-Birkenau en Polonia, Museo del Genocidio Camoyano Tuol Sleng, Museo del Genocidio en Ruanda, Museo de la Resistencia de Hezbollah en el Líbano y Hotel Polissya en Pripyat, Ucrania.


Algunos de los destinos más demandados por estos turistas tan especiales, además de los vistos en las diapositivas anteriores, son los siguientes:

Las catacumbas de París: una parada obligatoria para los amantes de este tipo de viajes. El turista puede deleitarse con una muralla de calaveras, cruces y esqueletos establecido desde 1786. Como curiosidad, solo está abierto un kilómetro y medio de los 300 que hay en total debido al descubrimiento por parte de las autoridades parisinas de ritos siniestros como misas negras. 




El bosque de los suicidios: no es una broma pesada, Aokigahara es el lugar turístico más visitado de todo Japón. Este macabro lugar acogió en 2003 a 34.427 personas que se quitaron la vida, siendo el dato más alto del país. Actualmente, un equipo de bomberos y policías recoge cada año los restos mortales que no han sido encontrados por visitantes o patrullas forestales.


La central de Fukushima: las instalaciones que sufrieron hace cinco años un accidente nuclear ya están dentro de la ruta turística. Los visitantes deben vestir una mascarilla, guantes de algodón y bolsas de plástico en los pies, además de no poder salir del autobús que les lleva por las centrales para protegerse de la radiactividad.





La cárcel Karostas en Liepaja, Letonia: este “hotel” donde miles de hombres sufrieron y vivieron regímenes como el nazi, el soviético y el letón, ofrece a sus huéspedes una experiencia única: reproducir casi el sistema utilizado con los prisioneros. Es decir, los visitantes se someten a dormir en una cama metálica escuchando gritos a cualquier hora, a interrogatorios, agua fría para bañarse, caminatas nocturnas, limpieza de baños y duros castigos en caso de no cumplir órdenes.


¿Te atreverías a visitar estos lugares?



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